Cómo existir

Una taza de café humeante sobre una mesa junto a una ventana

Aquí va un experimento para los verdaderamente temerarios.

Quédate sentado tres minutos, siguiendo dos reglas:

Con «no hagas nada» quiero decir no te muevas, no te inquietes, no le sigas la corriente a ningún pensamiento ni fantasía. Se te permite respirar y parpadear.

Con «siéntete a gusto» quiero decir que estés completamente en paz con tu experiencia de no hacer nada. No intentes cambiar nada y no te impacientes con lo que está pasando. Estar completamente en paz durante tres minutos.

Inténtalo ahora. Mira cuánto tardas en morirte de ganas de que se acabe.

Es curiosamente difícil no hacer nada, y mientras no haces nada, es curiosamente difícil sentirse tranquilo. Hay un impulso tan fuerte de hacer algo: mirar alrededor del cuarto, repasar una conversación, explorarte los incisivos con la lengua, mover los dedos de los pies, lo que sea. Cuando dejas de hacer todo y simplemente existes, casi sientes que te estás muriendo.

Es una locura darse cuenta de esto después de tantos años de estar vivo: que tu existencia misma sea tan pesada de sobrellevar. Siempre hay algo mal, incluso cuando todo está bien. Es como si solo pudieras soportar el momento presente cuando estás intentando convertirlo en otra cosa.

Esta es la extraña condición del ser humano. Es alérgico a su hábitat natural, que es el momento presente. Para lidiar con esta alergia, busca cosas sin parar: sentimientos y experiencias que todavía no están presentes. Siempre quiere largarse de aquí.

Tal vez pienses que a veces te libras de este problema, al menos en esos momentos en que consigues aquello que buscabas. Digamos que por fin te estás comiendo la nieve de masa de galleta que anhelaste todo el día. Si pones mucha atención mientras te la comes, notarás que también quieres pasar de este momento. Detenerse demasiado en una sola cucharada se vuelve insoportable. Hay un impulso poderoso de seguir a la siguiente. Por eso pediste la grande.

Un helado
No es un destino real

Este problema tan fundamental de la vida humana es facilísimo de pasar por alto porque nuestra vida entera está hecha de la estrategia para sobrellevarlo. Muchísimo de lo que buscamos es únicamente para huir de la experiencia de estar aquí. La gente compra cosas que no necesita, se pelea con su pareja, come sin tener hambre y le da scroll a contenido miserable y bobo, nomás para escapar de la sensación de la existencia tal como ya es.

Nota ese impulso poderoso de darle un trago a tu bebida o de juguetear con algo cuando se muere la conversación en una cena. O qué rápido sale el celular cuando hay una espera inesperada. ¡La existencia sin hacer nada es brutal!

Cada año, alrededor de 100 bomberos son condenados por incendio provocado en Norteamérica, con frecuencia por varios cargos. Casi siempre son jóvenes, bomberos nuevos, frustrados por la falta de acción.

Ilustración de una bombera
Enmarcado

Y, hilarantemente, de un estudio de 2014 sobre no hacer nada:

En 11 estudios encontramos que, por lo general, a los participantes no les gustaba pasar de 6 a 15 minutos solos en un cuarto sin nada que hacer más que pensar, que disfrutaban mucho más hacer actividades externas mundanas, y que muchos preferían administrarse descargas eléctricas a quedarse a solas con sus pensamientos.

Incluso pensar suele ser una manera solapada de escapar de la existencia; la rumiación no se trata tanto de intentar resolver tus problemas, sino de irte a otro lado en tu mente para escapar de la ansiedad y la incertidumbre. Al parecer, las descargas eléctricas funcionan todavía mejor.

Una esfera de plasma eléctrico
Alternativa popular a la existencia

Cómo sentirse más cómodo con la existencia

Puedes desarrollar la capacidad de existir de manera mucho más cómoda. Lo haces practicando existir, unos cuantos segundos a la vez, sin intentar cambiar nada de cómo se siente la existencia en este momento.

Básicamente te sientas, no haces nada y notas cómo se siente no hacer nada. (Probablemente se sienta sutilmente raro e inquieto.) Luego ves si puedes abrazar por completo esas sensaciones, sin el retorcerse de siempre ni el mirar hacia otro lado. Pero lo harás solo unos cuantos segundos a la vez, usando tu respiración como vara de medir.

Una mujer sentada con los ojos cerrados
Enfrentando el horror existencial

Así se hace sin sentirte abrumado:

(Si tienes TEPT o cualquier otro trastorno psiquiátrico, consulta a un profesional antes de hacer esto.)

Siéntate, con los ojos abiertos o cerrados, y relaja el cuerpo lo más completamente posible. Toma respiraciones largas y suaves. Relaja cada músculo que puedas. Solo haz tu mejor esfuerzo.

Cuando estés listo, inhala manteniendo el cuerpo flexible así. Ábrete a cada sensación que ocurra durante la inhalación: hormigueo, rareza, inquietud, duda, lo que sea. Deja que la experiencia entera te bañe como olas tibias, durante esos pocos segundos que toma inhalar.

Déjala ir. Date un momento.

Cuando estés listo, hazlo otra vez: abraza la experiencia entera de una inhalación. Solo deja que la experiencia completa te suceda: no hay necesidad de estudiarla ni de descifrarla. Nada más abraza el ramo entero de sensaciones, durante los pocos segundos que toma. No rechaces nada, solo durante esos pocos segundos de inhalar.

Una perra recostada junto a un tablero de ajedrez
No necesita practicar existir

Una vez que puedas hacer eso decentemente bien (no hace falta que sea perfecto), intenta lo mismo pero con una exhalación. Mantente relajado y abierto durante toda la extensión de una exhalación completa. Sin defenderte, sin tensarte. Sé un charco humano.

Si te distraes o te aturdes, o sí te tensas, está bien. Tómate unas cuantas respiraciones de descanso para recomponerte. Luego inténtalo de nuevo. Tienes infinitas respiraciones para intentarlo.

Repite este proceso, media respiración a la vez (una inhalación o una exhalación). La media respiración es un lapso de tiempo lo bastante pequeño como para que normalmente puedas permanecer abierto durante los 5 a 10 segundos que toma. Una vez que puedas hacerlo tanto en una inhalación como en una exhalación, ve si puedes empezar a encadenarlas, permaneciendo abierto durante todo el ciclo respiratorio.

Un paisaje sereno de agua en calma
Tú, con algo de práctica

Haz esto cinco minutos al principio, incluyendo cualquier pausa. Después mira qué pasa cuando lo haces por más tiempo y con menos huecos. Básicamente estarás descansando —solo existiendo y respirando— en ese estado no defensivo.

Incluso después de una sola sesión de esto, quizá notes que puedes relajarte un poco más fácilmente, sin importar lo que esté pasando.

Esto es una forma de meditación, pero casi quiero evitar esa palabra porque hace que la gente se ponga nerviosa y lo complique de más. Piensa en esta práctica simplemente como existir sin miedo, unos cuantos segundos a la vez. La dosis mínima efectiva es media respiración.

Un hombre respirando con los ojos cerrados
Agarrando unos minutos para existir entre juntas

Naturalmente, si logras calmar un poco tu alergia a la existencia, la vida se vuelve más fácil en casi cualquier situación. Experiencias ordinarias como hacer fila, sentir incertidumbre, tener un poco de calor o de frío, o no saber bien qué hacer contigo mismo, se vuelven mucho más tolerables. (Y probablemente la mayor parte de la vida contiene este tipo de incomodidad menor.)

La práctica regular mantiene leves los síntomas de tu alergia. Descuidarla hace que regresen.

En particular, tal vez notes mucha menos necesidad de entretenerte o distraerte. Los hábitos impulsados por el escape, como el doomscrolling, la picadera de antojos al azar, morderte las uñas (¿el incendio provocado?) y la rumiación, se vuelven menos magnéticos. Cuando la mera existencia se siente bien, hay tantísimo que ya no necesitas hacer.